Sucesos Internacionales presenta este sábado un especial sobre este país devastado por la corrupción y los fenómenos naturales.
Por Jorge Cura AmarAl bajar del avión en Haití, antes de llegar a la aduana, un señor bajito, moreno, de pelo crespo y con una gorrita vieja sostenía sobre sus manos un cartel con mi nombre. Me pareció extraño que en Haití a uno lo pudieran recoger antes de haber hecho los trámites de migración. Pero ahí estaba esperándome. Me sacó de la fila y me llevó al salón de protocolo del aeropuerto.
Luego entendí que los amigos de Cina, la empresa afiliada a Argos Colombia que me da el apoyo logístico es socia del gobierno haitiano en la operación de la producción de cemento en la población de Cabaret al norte de Puerto Príncipe. Ellos habían dispuesto que tuviera un tratamiento especial para llevarme al salón de protocolo que por cierto se veía bien congestionado con hombres vestidos de saco y corbata con radios de comunicación que hablaban muy duro en lengua creole, una fusión de francés con dialectos locales.
Enseguida entiendo la agitación. El Presidente de Haití, Michel Martelly se aprestaba a hacer un sobrevuelo en helicóptero por las zonas afectadas por el terremoto en compañía de una comisión de la ONU. Habla perfecto el español, de tal manera que lo abordé y pude hablar unos cinco minutos antes de que el jefe de prensa lo sacara de mi lado diciéndole que había que abordar la aeronave.
Martelly es un tipo simpático que tiene la intención de darle una nueva vida a la gente haitiana que ha sufrido durante años por la corrupción, las dictaduras, enfermedades y fenómenos naturales. Sacar a Haití del nada honroso podio de ser la nación más pobre de América Latina y la sexta a nivel mundial será en definitiva la misión de este artista que deberá poner todo su talento al servicio de la gente.
La pobreza de Haití, 80 por ciento de los haitianos vive con menos de dos dólares al día, es especialmente trágica dada la relación entre la pobreza y vulnerabilidad por los desastres naturales. Un estudio realizado por el Centro para la investigación de la epidemiología de los desastres naturales, con sede en Bélgica, analizó un periodo de 30 años comparando desastres naturales en los 10 países más pobres. El centro descubrió que el promedio de víctimas anuales por cada 100 mil habitantes en los países ricos era de 36; para las naciones pobres las víctimas promediaban los 2.879 al año, aún cuando los países ricos experimentan la misma cantidad de desastres.
Otro de los récords de Haití es su nivel de deforestación, que alcanza el 98 por ciento del territorio y constituye uno de los factores que magnifica el impacto de los desastres naturales como huracanes, deslaves e inundaciones.
Son retos que tiene que superar el nuevo Presidente, este díscolo músico quien en 1988 grabó su primer trabajo discográfico que fue una sensación en Haití. La música fue sin duda el trampolín a la popularidad de Martelly, y un elemento clave en su futuro político. Desde los escenarios, “Sweet Micky, como algunos lo llaman, logró buena parte de los votos que hoy se convierten en su gran cadena política, sobre todo entre los más jóvenes.
Pianista autodidacta, trabajó como tecladista en varios locales de Puerto Príncipe siendo su primer sencillo con el tema “Ou la la”, el que lo llevó a la fama para luego grabar 18 discos de larga duración. Sus críticos le cuestionan su falta de seriedad por su imagen libertina. Cabe destacar que en uno de sus videos aparece vestido de mujer. Otros, como su rival en la contienda política, Mirlande Manigat, se limitan a calificarle como un comediante y a decir que carece de formación política y de argumentos para manejar un estado al borde del colapso.
Martelly se califica como un hombre honesto que tiene el deseo de sacar adelante a su pueblo de la miseria, preparado para asumir el reto a pesar de la desconfianza de algunos. En el plano personal el nuevo presidente está casado en segundas nupcias con Sophie, con quien tiene cuatro hijos.
En esos cinco minutos que tuve el privilegio de conocerlo me pareció una persona humilde, con los pies en la tierra, muy sensible frente a la tragedia, pero al mismo tiempo concentrado en las cosas que requiere su gente. Me dijo que la gente haitiana quiere “respeto”, enfatizó en esa palabra. Reiteró que a su gente le ha faltado el respeto durante más de cien años, y que de ahora en adelante las cosas van a cambiar. Lo sentí humano, cercano a los problemas y concentrado en lo que debe ser su tarea desde el sábado cuando asumió las riendas de este potro salvaje que nadie ha podido manejar.
En medio de la agitación le pedí al Presidente que me concediera la posibilidad de tomarme una foto, a lo que sin problemas aceptó. Una persona que yo pensaba que era del personal de logística de Argos sacó su cámara y nos tomó la foto. Listo el reportaje, me dije para mis adentros. El hombre que prometió mandarme la foto a mi correo no aparece y lo ando buscando. Si alguien lo ve o lo conoce, que me avise.
